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domingo, 9 de diciembre de 2012

El cura de Xestoso y sor Lucía Caram


El sacerdote gallego Luís Rodríguez Patiño, responsable de varias parroquias entre la Coruña y Lugo, ha pedido la excomunión para los políticos y banqueros. Mientras todo el mundo discute la sandez del buey y la mula en el portal de Belén, este cura ha decidido precintar uno de los belenes de la iglesia de Cambás, localidad coruñesa de Aranga, porque según  se explica, el niño Jesús encarna los problemas de los seres humanos, está con los pobres y en estos nefastos tiempos sería un desahuciado más. Aboga este valiente sacerdote por un Iglesia humana e irónicamente agradece al vaticano que haya sacado al buey y la mula del portal, ya que estos animales encarnan a banqueros y políticos disfrazados.
Lo curioso de todo esto es que la jerarquía de la Iglesia, lo que un servidor llama desde hace muchos años la Iglesia Oficial, apenas se pronuncia sobre los injustos desahucios provocados por la usura de los bancos y la connivencia de los políticos, subyugados a esos caprichosos vaivenes de los ‘mercados’.  Como los monseñores viven, y muy bien, en su estatus privilegiado, solo piden a los políticos que protejan a la familia, a la tradicional, claro.  O poniéndose rotundamente a los matrimonios homosexuales, o dicho más finamente, están en contra de la sentencia del Tribunal Constitucional del pasado 6 de noviembre que reconocía estos matrimonios legales. Y para esto titulan su nota con un titular sugerente: ‘Nota sobre la legislación familiar y la crisis económica’, ingenuo de mí que al leer esta nota pensé que iban a denunciar las injusticias y brutales recortes que estamos sufriendo la gran mayoría de ciudadanos, pero no, les preocupa esas cuestiones morales, ellos lo tienen todo asegurado,  que al resto de españolitos nos traen al pairo. Porque hay cosas más importantes como el robo de derechos, de dignidad  y el empobrecimiento de todos nosotros.
En la nota de prensa final de la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal española, sí nos encontramos con una alusión de dos líneas de su presidente el cardenal Rouco Varela  sobre los desahucios, y dice así: “ Que se busquen con urgencia soluciones que permitan a esas familias desahuciadas, igual que se ha hecho con otras instituciones sociales, hacer frente a sus deudas sin tener que verse en la calle”. Imagino que esas instituciones sociales son los bancos y cajas de ahorro, pero no se atreven a nombrarlos, y menos a echarles la culpa, que la tienen, sin duda. Algo es algo, hemos pasado de echarles a la fuerza y con antidisturbios de la Almudena, a pedir por ellos.

La Iglesia  es mucho más que una jerarquía anclada en el pasado y lejana a las preocupaciones y necesidades de los hombres y mujeres de este siglo XXI. Miles y miles de voluntarios en Cáritas, seglares, monjas y curas que están cerca, ayudando a los necesitados, sea el cura de Xestoso, o sor Lucía Caram, una religiosa contemplativa  dominica de origen argentino que dice que ‘mi claustro es el mundo’, y así lo demuestra cada día en Manresa, ayudando, colaborando y escuchando. Como proclama esta mujer: “Dios no tiene manos, pero tiene nuestras manos”.
No son tan atípicos estos personajes, son valientes, sinceros y  mediáticos sin querer, y tienen en común la persona de Jesús del Evangelio.
Para los católicos estamos en Adviento que es esperar contra toda esperanza. Que no nos amarguen la cercana Navidad. 

domingo, 14 de octubre de 2012

Esta crisis mata



No, no es un titular agresivo y atractivamente morboso para que usted se enganche  y lea este artículo. Es real, trágicamente verídico. Los medios no se quieren hacer eco de estos sucesos, parece que existe un acuerdo tácito para que reine el silencio. Dicen los psiquiatras y psicólogos que el suicidio es contagioso, que si se publican estas tragedias personales, el fracaso individual se proyectará en la sociedad. Mirar a otro lado o hacer de avestruz nunca ha resultado. Lo cierto es que los pocos estudios que hay sobre este triste hecho nos advierten de un crecimiento alarmante en Europa de personas que se quitan la vida por causa de la crisis. Italia, Grecia e Irlanda se llevan el desgraciado palmarés; y en España, Cataluña.
La casta política y la financiera comienzan a ver los dichosos ‘brotes verdes’ en esta larga recesión, pero los trabajadores parados, que han agotado las precarias prestaciones sociales, no pueden compartir ese optimismo, máxime si no pueden llevar a sus casas, si no les han desahuciado aún, un poco de comida para su prole. Más de 500 familias al día se quedan sin techo en España y los bancos siguen engrosando su parque inmobiliario sin rubor, sin vergüenza. Los mismos ciudadanos que están pagando sus devaneos corruptos con sus impuestos y con su hambre, pregunten en Cáritas, sufren su implacable e inagotable usura.
La clase media, ya maltrecha, pequeños empresarios, comerciantes, autónomos, funcionarios y trabajadores en general tienen que hacer malabarismos para llegar a mediados de mes sin números rojos en sus cuentas.  Si usted debe algo a su entidad bancaria, prepárese  para un sinfín de llamadas conminatorias y unos intereses galopantes. Y no hablemos de los derechos laborales que nos han quitado a decretazo después de años y años de lucha  para conseguir un poco de dignidad, ya arrebatada por esa casta política incapaz de gobernar, es decir, de poner freno a la ambición desmedida de las poderosas financias. Y no proteste porque será un intento de golpe de Estado, y la respuesta ejemplar ha sido ‘leña y punto’, muy  humana y más democrática. El ministro del gremio entusiasmado con sus uniformados, a los que usted y yo pagamos, les felicita por saber pegar tan bien. El presidente y su pequeña delfina se congratulan porque hay una mayoría silenciosa que no sale a protestar a las calles. Entre ellos supongo que se encontrarán: niños, muchísimos ancianos e impedidos que todavía esperan una ayuda prometida que nunca llega, pues antes hay que reparar los desafueros de la banca y sus preferentes. Nos quieren culpabilizar de esta maldita crisis, nos quieren hacer ver que nosotros hemos derrochado los dineros, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y un largo rosario de excusas para convencernos que tenemos lo que nos merecemos. Uno se pregunta en sus largas horas de vigilia ¿Qué habremos hecho para ser los ‘paganos’ de tantos dislates, corruptelas y mangoneos? Silencio, que los ricos son más ricos y más poderosos que antes. El común ha pasado de ser ciudadanos a vasallos del medievo.
De la Educación, Sanidad, subida de tasas universitarias desorbitadas y fuga de cerebros ni hablamos. Solo, y termino, les quiero contar la historia de Mariano, un albañil de 60 años, más de tres años en el paro. Un hombre trabajador, honrado y haciendo constantes cursillos sin ningún resultado. Una familia que mantener, y muchas noches de insomnio con sus lágrimas de rabia e impotencia. No aguantó más y decidió acabar con su vida, como muchos otros en esta Europa donde prima lo económico por encima de las personas. Menos mal que nos han concedido el Premio Nobel de la Paz. Es un alivio.  
Decía mi abuela que las penas con pan son menos penas. Qué nos queda, ah, aunque a alguien le pese, nos queda la palabra.

viernes, 24 de febrero de 2012

Indignados, pero sumisos

Ya no tengo tan claro si estamos indignados por estas circunstancias o estamos perdiendo la dignidad, pero tengo la sensación y casi el convencimiento de que en el nombre de la democracia y de una mayoría absoluta, nos exigen sumisión, docilidad y resignación. Y si protestan cientos de chavales con libros en las manos o en las mochilas porque se preocupan de su, cada vez más recortada y menguada, educación, la policía responde a estos enemigos de la sociedad con cargas brutales, desproporcionadas. Quizás no hayan leído estos guardianes de la ley y el orden suficientes libros.
Hace algún mes, este ingenuo escribidor, decía que la sanidad y la educación eran dos pilares intocables, sagrados de una sociedad moderna, civilizada y democrática, pero me equivoqué como se equivocó la paloma del poema. Los recortes han llegado, y nos quieren convencer de sus bondades para estar algún día a la altura de Alemania y  Francia. Qué pintamos nosotros con dos países que se han quedado con toda la industria, con nuestros ingenieros y médicos, con la riqueza de esta Europa de nuevo raptada y violada por el Sistema Financiero, que ahora resulta que somos todos. Banqueros, financieros y políticos están encima de un carro del que tiramos cada vez más cansados y empobrecidos, funcionarios, pensionistas, parados y trabajadores por cuenta ajena.
Vuelve aquella espantosa palabra llamada resignación. Nos decimos a nosotros mismos que nos lo merecemos por haber vivido por encima de nuestras posibilidades. De tanto oírselo a los políticos, nos lo estamos creyendo. Y no es cierto en absoluto. Atónitos, miedosos y en silencio, asistimos a la pérdida de derechos, al recorte de las libertades individuales y de calidad de vida.  José Luis Sampedro que siempre ha abogado por una economía más humana y capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de las personas y los pueblos, dice que no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, sino con las que nos han dado, entre otros los banqueros.
Que no nos engañen, que no nos hagan sentirnos culpables, que eso es muy sencillo. Me refiero a lo de ‘la culpa’ en un país tradicionalmente católico donde el pecado campa por sus respetos.
Y mientras tanto nadie habla de Grecia, me refiero a la Grecia real, la de los ciudadanos empobrecidos y mal viviendo. Lo peor es que en esta Europa de las tres velocidades, nadie habla de Islandia, no tenemos noticias de esa isla ‘rebelde’ y desobediente con ese dios financiero. ¿Por qué será?

lunes, 2 de enero de 2012

La crisis en Navidad

Derrocharemos menos en estas navidades, bien sea por problemas reales o por un efecto psicológico de la propia crisis económica que nos induce a rebajar los gastos. Para los tacaños es una excusa perfecta, me refiero a esas personas ahítas de dinero, pero que siempre se están quejando por si les piden algo. No vamos a ‘tirar la casa por la ventana’ aunque nos toque la lotería, y eso que esta frase nació en el siglo XVIII cuando Carlos III nos trajo la lotería desde Nápoles y los agraciados por la diosa fortuna lanzaban sus enseres, ropas, platos y muebles viejos por la ventana. Hoy se aplica la frase a aquellas personas que gastan por encima de sus posibilidades, y de eso ya estamos escaldados.
Cuando el salario mínimo interprofesional se congela, que es de 640,41 euros, y uno se fija en otros sueldos como el de los políticos, o del propio monarca al que se le asigna más de 48 millones de las antiguas pesetas o si lo prefieren unos 292.752 euros al año, piensa, cándidamente, que mal repartido está el dinero de todos. La ley será para todos, pero la justicia brilla por su ausencia. Esta frase de brillar o lucir por su ausencia nos ha llegado de la Roma clásica: Tácito, cuando nos narra los funerales de Junia, viuda de Casio y hermana de Bruto (los cabecillas de la conspiración que acabó con Julio César), dice que delante de la urna, según era norma en los funerales romanos, llevaban procesionalmente los retratos de sus antepasados, y que los que más lucían eran los de Casio y Bruto, que faltaban, pero que la imaginación creía ver en el fúnebre cortejo.
Una imagen, que no vale por mil palabras, pero que se quedó en mi retina y luego pasó al alma, fue la de la señora ministra de trabajo, la italiana Elsa Fornero, llorando mientras intentaba explicar los duros recortes a sus compatriotas, no a todos, a los de siempre, a los que viven de un sueldo, aunque sea ínfimo. Al menos, este gesto denotó un poquito de humanidad.
Buena falta nos hace un poco de compasión en el sentido etimológico de la palabra que es padecer, sentir con el otro, y ponerse en su piel. Hasta hace poco tiempo estaba de moda hablar de crisis personal, ahora la crisis parece un ente omnipresente que empaña la totalidad de nuestras vidas. Un cierto desánimo colectivo pulula sin sentido y machaconamente en nuestros pensamientos, conversaciones y actos cotidianos.
Charles Dickens escribió una novela corta de carácter realista-gótica que tituló canción o cuento de navidad. Se basó en la realidad denigrante que se vivía en el Reino Unido durante la revolución industrial en el siglo XIX. Los obreros y sus hijos vivían y trabajaban en condiciones infrahumanas y con un salario misérrimo. Dios quiera que no volvamos a eso. Sin dramatismo, quizás esta crisis nos devuelva el verdadero sentido y espíritu de la Navidad.

Las palabras de la crisis

Con la crisis económica las palabras que utilizamos en nuestro registro coloquial, es decir, lo que hablamos todos los días y en las situaciones más cotidianas, están cambiando a gran velocidad. Algunas las hemos convertido en palabra tabú por vergüenza torera, por ejemplo ‘solvencia’ pues aunque se tenga, quién es el osado que en una reunión se atreve a jactarse de que las cosas le van muy bien y que es ‘superfeliz’ con la que está cayendo para la gran mayoría. Y no digamos la palabra ‘hipoteca’ que ha tocado techo en su ya poca agraciada fama. Banquero, que no bancario, fue un vocablo en algún tiempo digno de admiración para algunos jóvenes, ahora se ha convertido en innombrable. Pero esto ya es muy antiguo, pues mi padre que trabajó 40 años en un gran banco de esos que siempre tienen grandes beneficios, decía que el banco te daba paraguas cuando hacia sol y te lo quitaba cuando llovía. 

El no llegar a fin de mes se ha convertido en algo tan frecuente que ya no nos da vergüenza, y hasta podemos hacer una declaración pública. Otra frase de todos los días era esa de ‘salir de copas’, que con gran ligereza salía de nuestros labios los viernes, sábados y alguna que otra fiesta de guardar, pero ahora se ha convertido ‘en tu casa o en la mía’, como ven el significado es distinto.

La política, que en un tiempo no muy lejano era el arte de hacer felices a los pueblos, y sus políticos son ya sustantivos tan degenerados que sólo poseen adjetivos negativos y peyorativos, y lo peor de todo es que casi nadie cree en ellos. El estado del bienestar social, qué poco nos ha durado, lo pongo con minúsculas, se llama así al conjunto de factores que participan en la calidad de vida de la persona y que hacen que su existencia posea todos aquellos elementos que den lugar a la tranquilidad y satisfacción humana. Otro término que ya no está de moda, sin embargo ha sido sustituido por otras frases como la de ‘apretarse el cinturón’ o la de ‘ahorrador’, claro que uno ahorra cuando le sobra algo, aunque sea un poquito. Que se lo pregunten a los funcionarios y no funcionarios con su sueldo menguado y sus recibos crecidos. 

La palabra tristemente y hasta dramáticamente en boga es el temible ‘Paro’, y aquí, señoras y señores, uno ya no sabe qué decir ante millones de personas que viven situaciones penosas, angustiosas y con falta de esperanza. 

El ocio, el viaje de placer o el crucero, aunque lo pagues en cómodos plazos, están desapareciendo de nuestro vocabulario público, y si se dicen estas palabras las decimos en voz baja. Pero lo peor de todo son aquellas que afectan a nuestro ánimo más interno, pues he oído a más de un pequeño o mediano empresario que se sienten ‘impotentes’, ‘rabiosos’ y ‘desvalidos’. Imagínense cómo se sentirá el currito con el miedo en el cuerpo ante el ‘despido’, otro vocablo más frecuente de lo deseado. 

No puedo terminar este artículo sin la palabra estrella, la más pronunciada desde hace unos años, y esa va con determinante y todo ‘la crisis’, que nos llega del griego y significa separar o decidir. Crisis es algo que se rompe y porque se rompe hay que analizarlo. La crisis nos obliga a pensar, por tanto produce análisis y reflexión, pero muchas veces el miedo ante la incertidumbre nos paraliza. Pensemos, reflexionemos y actuemos porque si no lo hacemos, lo harán por nosotros, y puede ser hasta peor.

Mientras escribía estas líneas, me he fumado un cigarrillo en mi casa, pues en los bares ya libres de humo, que han perdido la alegría y perderán puestos de trabajo, huele  un poco más a fritanga y humanidad. 

No estaban dormidos

He visto las imágenes en la televisión y me siento abochornado y humillado. Una carga brutal de unos policías muy profesionales contra personas pacíficas y sin ninguna defensa. Y esto ha ocurrido en Barcelona, muy europea y moderna. La disculpa era la falta de higiene, yo no me lo creo. Quizás la Champions sea muy importante, no lo dudo, pero creo sinceramente que estamos locos. Esos abnegados profesionales que llaman mossos de escuadra no llevaban sus placas identificativas, todo muy legal. He revivido, como una pesadilla aquellas cargas de los ‘grises’ en mis años mozos. Personas de toda condición y pacíficas, hartas de estar hartas, han tomado las plazas, son ya más de 58 mil en 57 ciudades de España. Una gran mayoría sentimos simpatía por estos jóvenes y no tan jóvenes que nos han rejuvenecido con su utopía. El término utopía se debe a Tomás Moro, quien tituló así una de las obras más importantes de este género. Literalmente significa “no lugar” y, por tanto, designa una localización inexistente o imposible de encontrar. Moro bautizó con este término una isla perdida en medio del océano cuyos habitantes habían logrado el Estado perfecto: un Estado caracterizado por la convivencia pacífica, el bienestar físico y moral de sus habitantes, y el disfrute común de los bienes. Pero no olvidemos que Las utopías hunden las raíces en la realidad más auténtica y concreta, aunque sea para criticarlas e intentar transformarla.  Estos ciudadanos indignados no pueden ser conservadores pues nada pueden conservar. Los bancos se han quedado con sus casas y tendrán que seguir pagando la deuda; han perdido un derecho fundamental que es el de trabajar, y ven como los políticos callan, miran a otro lado y siguen a lo suyo, seguros que será una tormenta pasajera de verano o un sarampión infantil. Universitarios hasta con dos carreras y algún que otro magíster o master han alzado la voz y piden una democracia participativa y directa. Quizá estén soñando con la Grecia clásica, pero seguro que se conformarían con un cambio en la injusta ley electoral. Vivimos en una democracia, sin duda, pero qué me dicen ustedes de la ‘dictadura’ de los llamados Sistemas Financieros, unos pocos que nos manejan al antojo de sus intereses económicos a todos los demás mortales. Campamentos organizados con respeto y que han bautizado de la esperanza y dignidad, han roto con ‘el silencio de los corderos’, pues han optado por marchar hacia el matadero protestando, y que sus palabras reflexivas, a modo de ‘Pepito grillo’, ronden en nuestras conciencias bienpensantes y adormecidas. Les preocupa su presente y el futuro de sus hijos, que posiblemente lo tengan más negro aún. Sus únicas armas son el diálogo y sus manos abiertas. Las redes sociales son el eje central de este movimiento, escuchémosles y no les pongamos apellidos estúpidos a nuestra conveniencia o a nuestro miedo. No nos engañemos, algo muy serio está pasando. Y estos indignados no son borregos. Aristóteles en su libro titulado “Política” nos dejó escrito: “El porqué sea el hombre un animal político, más aún que las abejas y todo otro animal gregario, es evidente. La naturaleza - según hemos dicho - no hace nada en vano; ahora bien, el hombre es entre los animales el único que tiene palabra". Clemente Barahona Cordero. Profesor y escritor.

¿Generaciones Dormidas?

“La juventud actual condensa y refleja los problemas de una sociedad compleja” es una de las ideas de este joven nonagenario, nacido en Alemania y criado en Francia. Prisionero en Buchenwald , campo de concentración nazi de donde logró huir de una muerte segura. Diplomático, escritor y militante político francés. Tras la Segunda Guerra Mundial, Stéphane Hessel participó en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Ahora, a sus 93 años ha escrito un manifiesto de treinta y tantas páginas con el objetivo de concienciar a la juventud de que hay que luchar de forma pacífica contra la dictadura actual de los llamados mercados financieros, que amenazan la paz y la democracia. Su llamamiento es claro y rotundo pues siente que ha llegado la hora de que los jóvenes dejen atrás la indiferencia y que luchen políticamente por la ética y la justicia. Otro ‘joven’ y admirado escritor ha prologado'¡Indignaos!', que es así como titula Hessel su libro. También con 93 años el profesor José Luís Sampedro pone su brillante granito de arena a esta sana proclama. Más de millón y medio de ejemplares vendidos en Francia, y en España la editorial Destino ha agotado sus primeras ediciones. El boca a boca y las redes sociales se han encargado de la amplísima difusión de esta obra, cuyo título es toda una consigna que está despertando a millones de indignados, entre los que se incluye un servidor, con la situación actual que estamos padeciendo. Nunca había sido tan evidente, por lo menos para el común de los mortales, la gente corriente, que el poder económico gobierna Europa. Es ahora, con los recortes y continuas revisiones del Estado del bienestar cuando empezamos a despertar de nuestra ingenua visión desde un país rico que nadaba en la opulencia, o eso creíamos. Las vacas ya no están delgadas sino famélicas. Lo extraño es que nadie alce la voz, somos todos muy sufridos, y nos queda mucho de ese sentido trágico de la vida o de esa resignación cristiana, o mejor dicho católica, que tanto daño ha hecho a este pueblo español. El intelectual Stéphane Hessel ha estado en España y nos ha dicho que la juventud española es muy importante para Europa, que son los herederos de los ideales de Don Quijote. Pero el informe de la Fundación Santa María constata que esos jóvenes ya no son tan quijotescos, pues se reconocen “egoístas, consumistas y que sólo piensan en el presente” es decir, se han convertido un poco más parecidos a  Sancho Panza. Además la mitad de ellos se declaran ateos, agnósticos e indiferentes, y les preocupa su salud, seguida de la búsqueda de un trabajo, y la posibilidad de vivir independientes, fuera del domicilio paterno. A algunos les puede parecer una barbaridad esa falta de valores más espirituales o simplemente cívicos, como a mi amigo el profesor José Manuel Ruiz con quien en alguna ocasión he hablado de este asunto. De todas las formas, no olvidemos que las nuevas generaciones se han mirado en el espejo de los adultos, nosotros somos o deberíamos ser sus referentes. Seguro que en algo hemos tenido que fallar. Para no faltar a la verdad hay que decir que entre la juventud hay de todo como en botica, chavales y chavalas que estudian, trabajan y son muy responsables. Y qué me dicen de nuestro Sistema Educativo con tanta reforma y contrarreforma, pero eso es harina de otro costal de la que sin duda hablaremos. Clemente Barahona Cordero. Profesor y escritor.

La avaricia rompe...

Los bancos obtienen beneficios siempre y además lo publican a los cuatro vientos, y con una desfachatez que roza lo obsceno. Si estas ganancias han sido menos de lo esperado, para enmendar esta contrariedad está el dinero de todos. A los ricos no se les debe contrariar. Hace mucho tiempo que hemos desterrado de nuestro vocabulario la palabra avaricia, ahora llamamos a esta forma cicatera de estar en el mundo, egoísmo. Siempre ha habido gente que ha defendido esta actitud, diciendo que la caridad empieza por uno mismo. Parece que han leído a Pablo de Tarso, pero no han comprendido lo que quería decir, simplemente les venía bien para justificar tanta mezquindad. Del latín ‘avaritia’, es una palabra derivada de avaro, del avarus latino, en la primera mitad del siglo XIII aparece escrita en castellano. La RAE define este vocablo como el afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas. Creerán, pobrecitos, que se las van a llevar a la otra vida. ¿Se han fijado ustedes en la cara de tristeza de muchos ricos en dinero? Quizás esta frase sea la causa de su amargura: ‘Quien más tiene, más quiere’. Iguala al pobre y al rico que su dinero dos veces anda el camino por motivos muy distintos. Al avariento le cuesta tanto desprenderse de sus dineros, que ha de mirar los precios, regatear y… Otra cosa muy distinta es lo que decía mi abuela Áurea de los escasos posibles del pobre, que siempre iba dos veces a la tienda, pues calidad y bajo precio nunca vivieron idilio alguno. La sabiduría popular nos dejó dicho que al avaro y al puerco, después de muertos. Una sentencia que a simple vista parece un tanto drástica y apocalíptica, pero muy certera; pues el cerdo se vuelve provechoso para los demás después de su sacrificio, lo mismo ocurre con el avaro, solo después de muerto alguien se beneficiará de lo que aquí dejó. Al final tienen un rasgo de generosidad aunque sea totalmente forzoso. Tal vez nunca leyeron a Juvenal que nos dejó escrito que es una gran locura la de vivir pobre para morir rico. Antes, es decir, hasta hace muy poco tiempo, deber dinero solo al banco era un toque de cierto prestigio, lo lógico y normal. Ahora, uno casi prefiere ser hipertenso y diabético que soportar al director de turno, llamándote todos los meses por teléfono, y ese mensaje previo de póngase en contacto con su sucursal por  una situación irregular en sus posiciones. Eso sí, por favor y con la suficiente ficticia amabilidad, te preguntan a qué se debe ese retraso, ironía no les falta en esa retórica pregunta. Nadie sabe a ciencia cierta dónde se encuentra y quién es realmente ese ente que llamamos el ‘Sistema Financiero’, es como el dios de otros tiempos, invisible, omnipotente y que estaba en las alturas. Los bancos son sus discípulos aventajados, e incluso excelentes que superan sus controles con nota. Y por debajo de ellos, el común de los mortales, millones en el paro, otros con sueldos recortados, muchos con contratos más que precarios, y los demás malviviendo. Creo que ese idealista llamado Mahatma Gandhi tenía razón cuando decía que en la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos pocos. Cuando nuestros biznietos estudien la Geografía Económica de este siglo XXI, se quedarán alucinados y perplejos. Será una asignatura hueso. Hoy en plena crisis, hay miedo, por eso no se le ocurra pedir dinero, ni tan siquiera un aval a su mejor amigo. Ya sabe ese dicho tan antiguo que reza: ‘Bien me quieres, bien te quiero, pero no me toques el dinero’. Clemente Barahona Cordero. Profesor y escritor.